martes, 15 de abril de 2014

El sueño (I). Introducción.


"Hay que trabajar ocho horas y dormir ocho horas, pero no las mismas". [Woody Allen]

Comienzo una serie de posts sobre la importancia que tiene el sueño en la vida, sus fases, los ritmos biológicos, sus mecanismos fisiológicos, y los trastornos del sueño e intervención adulta e infantil sobre ellos.


El sueño es una conducta, una de las funciones corporales básicas de nuestro organismo que garantiza nuestra supervivencia. Es homeostático por su papel regulador del organismo al permitir que éste se recupere del desgaste producido por la actividad, física y psíquica, realizada durante la vigilia. Favorece diferentes tipos de aprendizaje y el desarrollo del cerebro.

El sueño no puede ser definido únicamente como un trazado en el electroencefalograma o como una conducta instintiva. Es un fenómeno más complejo que debe tratarse de manera interdisciplinar desde diferentes campos de estudio. 
Se puede definir el sueño como como un estado funcional, reversible y cíclico, que presenta unas manifestaciones conductuales características (ausencia de motilidad e incremento del umbral de respuesta a la estimulación externa); a nivel orgánico se producen cambios de actividad en el sistema nervioso, acompañados de modificaciones funcionales y de la actividad intelectual que supone soñar.

Las necesidades de sueño varían de una persona a otra, e incluso en la misma persona dependiendo de la edad, estado emocional y de salud, estilo de vida y demandas sociales. En definitiva, la cantidad de sueño esencial en el ser humano depende de factores biológicos, conductuales y ambientales.

Así, según la cantidad de sueño, hay personas que necesitan dormir más de ocho horas (patrón de sueño largo) y otras que con menos horas de sueño obtienen suficiente descanso (patrón de sueño corto).
En función de la calidad del sueño, se habla de sujetos "buenos dormidores" y "malos dormidores".
Otra diferencia es la tendencia a trasnochar o a madrugar. Los sujetos matutinos se levantan y se acuestan temprano, y los sujetos vespertinos tienden a levantarse y acostarse tarde ya que presentan un adormecimiento mucho más lento que los primeros. Las personas matutinas tienen una mayor activación y tiempos de reacción más cortos que los vespertinos a primera hora de la mañana, y viceversa.

Aunque el sueño es un estado durante el cual disminuye la respuesta a los estímulos ambientales, se conserva la consciencia. Los datos indican que determinados mecanismos cerebrales que se activan durante el sueño son los mismos que se activarían si los acontecimientos de los sueños estuvieran ocurriendo en la realidad.

La somnolencia probablemente sea la motivación más apremiante (excluyendo los efectos del dolor intenso y la necesidad de respirar). Podemos suicidarnos negándonos a comer o beber, pero no nos podemos enfrentar indefinidamente, de forma natural, a la necesidad de dormir.



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